jueves

Afectorreflexiones del hábitat virtual.

La gestión del aula en entornos virtuales de aprendizaje

Cuando comenzamos a usar la virtualidad en el sur de mi continente yo comenzaba la universidad, y a la par, a dar clases de idioma en escuelas públicas y periféricas.

En seguida me uní a esa vibrante comunidad ciberespacial, y vi su desarrollo a través de los años, inclusive comencé a dar clases online a principios del 2000. En ese momento muchas personas no tenían idea de lo que se hacía allí, o de cómo se hacía, y debió venir una pandemia para que descubrieran el magnífico mundo del ciberespacio.

Yo siempre me sentí segura allí, porque estaba en casa, mi entorno era el escritorio de mi hogar, con mi taza de café o mi mate, mis pantuflas, música ambiental. Mi computadora era una ventana –windows- al mundo entero, al encuentro con otros seres, con otros idiomas o acentos, otras culturas. El ciberespacio es un lugar seguro para los introvertidos, y también para las personas que se sienten agobiadas en la realidad física, y para quienes prefieren estudiar y trabajar desde casa, aunque prefiero decir en casa. Y esto nos acerca mucha información que podemos usar para nuestras propuestas pedagógicas.

La virtualidad también es mi casa, o al menos me permite estar en ella, y en un montón de otros lugares, ya sea porque me muevo con mi compu o porque viajo a través de esa ventana a otros interiores físicos. No todas las personas pueden trabajar en entornos virtuales, ni todas aprender. Si lo comprendemos, si lo disfrutamos la virtualidad es una ventana, no una prisión sedentaria, y siempre estamos en casa.

Con el tiempo y la pandemia hemos comprendido que los encuentros presenciales son importantes y necesarios, pero no es indispensable hacer todo en la presencialidad. El encuentro presencial nos permite compartir el espacio y se dan interacciones específicas, e irremplazables. Es un espacio/tiempo para valorar y aprovechar. La virtualidad también nos permite encuentros e interacciones específicas e irremplazables. Es otro espacio/tiempo, para mí un espacio más ancho y un tiempo más lento, como un fluido con una suerte de componente onírico… Navegar, puerto, red, internautas, piratería, cibernética y muchos otros términos que son habituales en la virtualidad proceden del vocabulario marino. Bajo el mar, hay allí claramente otro tiempo, o ritmo, o intensidad...  



El ciberespacio nos permite estar reunidos en un contexto virtual colectivo para nuestros encuentros, y a la vez, paradójicamente cuando hacemos actividades asincrónicas estamos co-presente, el antes y el después del tiempo lineal tienen otros sentidos. Y cuando digo que para mí es un tiempo más lento, lo significo desde ese pequeño y gran concepto que es un tris, palabra ambigua que da cuenta de una porción muy pequeña tanto de espacio como de tiempo. En un tris hay intensidad que a veces se confunde con velocidad… Esa otra idea de Tiempo -que Gilles Deleuze (2010) nos permite comprender– era llamada, por los antiguos, Aión, y no hace mención al tiempo lineal de Cronos, dividido en pasado-presente-futuro, el de los relojes y los calendarios, que está dominado por una idea espacial que fija el tiempo en extensión, no en intensidad. En la virtualidad prima la intensidad y, en el tiempo del encuentro, 20 minutos de clase puede ser un gran tiempo, de aprendizajes significativos e inolvidables. El tris es eso, efímero, no fugaz, intenso, no veloz, no un instante, un millón de instantes, la vida de una mariposa o el ciclo de una flor, es finito y eso da espesor a su duración, al modo de estar en el tiempo. Estar presentes en clase, en el intento de aprender, estar plenamente, y disfrutarlo, es el tiempo más efímero, el más instantáneo, el más puntual.   

En la virtualidad es mediodía en casa, y de mañana en la casa de un estudiante, y ya bajó el sol para otro, y aquí es otoño, y ya casi verano, allá. Esa efectuación cósmica es la virtualidad. 

Cuando comprendemos la necesidad de humanizar las tecnologías podemos desencadenar experiencias inéditas de aprendizaje, y de enseñanza. Ninguna máquina reemplaza a un docente apasionado y creativo, la IA no escribe poesía lorquiana… La humanización de las tecnologías es artesanal, como la tijera de una profesora, o su marcador (y su corazón de tiza). La IA nos reemplaza cuando nos volvemos autómatas (puede que esa sea tal vez, la verdadera creación humana).

Como dice Paulo Freire: 

Al enseñar, no como un burócrata de la mente, sino reconstruyendo los caminos de su curiosidad, razón por la que su cuerpo consciente, sensible, emocionado, se abre a las adivinaciones de los alumnos, a su ingenuidad y a su criticidad, el educador tiene un momento rico de su aprender en el acto de enseñar. El educador aprende primero a enseñar, pero también aprende a enseñar al enseñar algo que es re-aprendido por estar siendo enseñado, sin lo cual no aprende, el educador se ayuda a descubrir dudas, aciertos y errores (2006, p- 46)

La humanización de las tecnologías es el gran desafío didáctico-epistemológico de nuestro tiempo,.. evidenciamos aquí su condición de creación histórica.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Deleuze, G. (2010) Lógica del Sentido. Arcis: Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.

Freire, P. (2006) Cartas a quien pretende enseñar. Siglo XXI.



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